**Punto de vista de Lucía**
Cerré la pesada puerta del sótano y el pestillo hizo clic en su lugar con un sonido que sentí definitivo.
Mi corazón latía con fuerza contra mis costillas, pero no era el latido del miedo. Fue la oleada de la victoria. Era el subidón que había estado persiguiendo durante meses.
Los sollozos ahogados de Elena me siguieron, un eco débil y patético. La imagen de ella atada a esa silla, indefensa y destrozada, mirándome como si fuera su última esperanza, se repitió