**Punto de vista de Stefano**
Cerré la puerta de la oficina detrás de mí y me dejé caer en mi silla, sintiendo como si mis huesos se hubieran rendido.
La habitación estaba llena de los aromas familiares de la oficina: cuero caro, madera envejecida y el aroma amargo del café expreso. Por lo general, esta oficina era mi santuario, el lugar donde sentía que tenía el control. Pero esta noche, mi pecho no dejaba de oprimirse. Cada respiración se sentía como una lucha.
Mi madre.
El pensamiento