Punto de Vista de Marimar Oquendo
El viento fresco y dulce del océano me golpeó el rostro. Cerré los ojos un instante, disfrutando esa caricia salada que parecía llevarse un poco del peso que cargaba en el pecho.
Hapi y yo ya estábamos a bordo del barco de pasajeros, rumbo directo a su isla natal. Me había hablado de sus playas turquesas, de resorts donde podríamos nadar cuando quisiéramos, y solo pensarlo encendía en mi interior esa chispa de emoción que tanto necesitaba.
Sin embargo, desde la