Punto de Vista de Marimar Oquendo
—Ma-ri-mar…
Me tapé los oídos en cuanto oí la voz de Yakov. Llevaba casi dos semanas en la mansión y, aunque ya casi era medianoche, seguía sin dar tregua.
—¡Déjame en paz, Yakov! ¡Te voy a sacar los ojos! —gruñí mientras avanzaba por el pasillo del segundo piso. Bajaba de la cocina con la leche de Levi y un nuevo frasco de shampoo porque el mío se había acabado.
Pero ni con las manos cubriéndome los oídos conseguía bloquear la risa diabólica del hombre.
Lo oí