Punto de Vista de Marimar Oquendo
—¿Por qué estás aquí? —grité. Mi voz tembló de puro miedo cuando el desconocido cerró su mano alrededor del brazo izquierdo de Levi.
Mi pupilo sonrió de oreja a oreja, como si todo aquello fuera solo un juego. Todavía creía que seguíamos en nuestro viejo ritual: huir del monstruo imaginario.
El hombre chasqueó la lengua contra los dientes.
—Te dije que esperaras. Nunca obedeces. —Sus ojos, de un gris pálido y cortante como vidrio roto, se clavaron en mí.
—¿Ob