—¿Todavía no ha vuelto? —le preguntó Aliyah a Sean y, juntos, ambos miraron a Irene, que había estado caminando de un lado a otro frente a la ventana durante las últimas cinco horas.
Sean suspiró y negó con la cabeza. —Dijo que volvería por la noche y ya son las diez y media. Aunque tuviera miedo de caminar bajo el sol poniente (cosa que sabemos que no tiene), ya debería haber vuelto. Quiero decir, está muy oscuro ahí fuera.
—Algo va mal —dijo Irene—. Quiero decir, nunca ha dicho que haría al