Aliyah se rió de algo que dijo Noah y le dio un ligero golpe en el hombro, apartándolo.
—Vamos, tía Ali, no seas así —dijo Noah, riendo y tratando de parecer triste también—.
—Tus ojitos de cachorrito ya no me van a hacer efecto, Noah, déjalo. Aliyah puso los ojos en blanco.
—Mierda, tengo que encargarle a mamá que prepare una poción que me convierta de nuevo en un bebé. Siempre la tomaré cuando venga a pedirte algo. Recuerdo que casi nunca me decías que no antes. —Hizo un puchero.
Aliyah se ri