Al tercer día de haber cerrado la brecha, llegó de la capital un despacho de máxima urgencia.
Con la emperatriz viuda confinada, los Salazar sin poder y Lucía despojada de su título, varios parientes imperiales habían acusado al soberano de permanecer demasiado tiempo al norte del río y desatender el gobierno. Se habían aliado con antiguos miembros de la guardia imperial para forzarlo a ceder el poder.
Sacaron a Mateo de la residencia de los príncipes. Afirmaban que el emperador había perdido la