Ariella
Obligé a mis piernas a moverse hacia la casa. Parte de mí quería abandonarlo todo y salir corriendo, pero la otra parte —la más madura y racional— quería saber qué estaba pasando, qué podría haberles dicho ella y enfrentar las cosas como se suponía que debía hacerlo.
Mis nervios hormigueaban mientras atravesaba la puerta principal abierta, y mi corazón se detuvo cuando vi a todos los hombres que había estado ansiosa por ver reunidos en un solo lugar. Sus ojos se alzaron hacia mí en cuan