Ariella
Adrian me tomó en sus brazos tan pronto como entré en la oficina, besándome como un hombre hambriento. Sus brazos me envolvieron en un fuerte abrazo. “¿Tuviste una buena noche?” preguntó, dejando un beso húmedo en mi mejilla.
“La tuve,” respondí con una sonrisa. Un rubor subió por mi mejilla cuando el recuerdo de mi noche con Richard cruzó por mi mente. “¿Cómo estuvo la tuya?”
“Mala.” Adrian hizo un puchero. “Te extrañe. Sabes que técnicamente anoche era mi noche, ¿verdad?” rio. “Joder,