Ernesto dejó el documento en la mano y le miró.
—¿Hablas con tu padre con esta actitud?
Se burló Leonardo, —Tú sólo aportaste un espermatozoide, no me pariste ni me criaste, ¿mereces ser mi padre?
—¡Imbécil!
Ernesto cogió el tintero y se lo lanzó a Leonardo, pero él agachó la cabeza y miró con frialdad.
—Señor Santos, parece que no tienes nada que decirme, me voy.
Se dio la vuelta y dio dos pasos. La voz fría y amenazadora de Ernesto llegó desde detrás de él.
—Si te atreves a salir ahora del est