Estaba a punto de decir algo y su mano fue tomada por Antonio.
Natalie se congeló y se obligó a no sacar la mano, porque no le gustaba el contacto físico.
—Señor Ramos, Natalie y yo somos novios de verdad.
Después de decir eso, la mirada aguda como un cuchillo de Leonardo se posó en la mano que sostenía.
—Si quieres tu mano, te aconsejo que la sueltes ahora mismo.
Antonio no la soltó y sonrió.
—Estoy cogiendo la mano de mi novia, creo que no es asunto del señor Ramos, ¿verdad?
Natalie pensó que