Natalie no pudo reaccionar cuando su barbilla fue pellizcada de repente por dos dedos largos y delgados.
Se vio obligada a levantar la cabeza y, al instante, una sombra cayó ante sus ojos.
Sus ojos se abrieron de par en par en el momento en que un cálido toque llegó a sus labios.
—Emm...
Cuando ella iba a empujarle, abrieron la puerta, Michela entró.
—Natalie, estaba...
Antes de que pudiera terminar la frase, vio que ellos dos se estaban besando en la cocina.
Michela se quedó helada, reaccionó y