—Vale.
—Ven a desayunar, yo voy a salir.
—¿Tan temprano?
—Sí, ya me voy, llámame si necesitas algo.
Sin esperar a que Tina hablara, Natalie ya había recogido el documento y se levantó para marcharse.
A las ocho de la mañana llegó a la puerta del chalet de Leonardo.
Natalie respiró hondo, recogió el documento del asiento del copiloto y salió del coche, se paró en la puerta y llamó al timbre.
Al poco, la puerta se abrió.
Al ver a Natalie, Leonardo frunció el ceño.
—¿Has venido a ver a Mafresa tan