Cuando Sara colocó el pie dentro del tercer vagón del subterráneo, fue cuando recordó que no había esperado a Ann.
—¡Mierda! Olvidé esperar a Ann. —masculló en voz baja.
Había salido tan emocionada y concentrada en su encuentro con Ben esa noche, que olvidó por completo avisarle a su amiga. Tomó su móvil y comenzó a llamarla para disculparse, pero Ann nunca contestó su llamada.
Seguramente estaba enojada con ella por no haberla esperado, pero ¿Cómo se le puede pedir a una mente enfocada en