La luz repentina brilló sobre el intruso. Él retrocedió e intentó escapar, pero fue aplacado por los guardias de seguridad que ya estaban esperando en la puerta.
—Señora Adriana… ¿No se suponía que ya había regresado a casa?
El tipo, con la cara contra la mesa, miró incrédulo a Adriana, quien lo observaba con una mirada fulminante.
—Ni yo ni el equipo de inspección nos. Todo lo que acabas de decir lo hemos escuchado.
Adriana se apartó, y dejó ver al equipo de inspección y al gerente del departam