José colgó el teléfono sin pensarlo y le dijo a Rafael que manejara directo al lugar del concurso de perfumería.
Mientras iban en camino, su teléfono sonó. Miró la pantalla y vio que era Héctor.
—¿Tu gente sigue investigándome? ¿Hasta cuándo piensas seguir con esto? —dijo Héctor con tono molesto.
—¿No sabes por qué lo hago? —José respondió con burla—. ¿O es que te sientes culpable?
—Si quieres investigar, hazlo, pero deja de meterte en mi vida.
Héctor sonaba serio.
—Pero no puedo cre