Adriana entró directo al vestidor de mujeres y, antes de cerrar la puerta, fue dura:
—¡Verte me quita el apetito!
La puerta se cerró de golpe. José suspiró, se dio la vuelta y le dio unas instrucciones rápidas a Rafael, que salió de inmediato a cumplirlas.
Poco después, Julia, aun cojeando, se enteró de la situación y fue a esperar a Adriana en la entrada del hotel para llevarla a su habitación.
Pidieron algo del restaurante del hotel y comieron en la habitación. Fue una comida sencilla,