—Señora...— Rafael ayudó a Julia a entrar a la habitación y se quedó de pie, esperando.
—¿Cómo es que el asistente Rafael…? —Adriana lo miró confundida.
—A decir verdad, es mejor que le preguntes a Julia los detalles. Tengo algo que hacer, así que me voy. —Rafael asintió y salió a paso ligero, asegurándose de cerrar la puerta.
—¿Dónde te lastimaste? —Adriana se agachó y la miró. Julia estaba empapada, como si la hubieran metido bajo la lluvia.
—Me torcí el pie, ya fui al hospital, no es nada gra