Después de escuchar lo que decían a su alrededor, Adriana empezó a dudar. Miró detrás de ellos, pero no vio a nadie que se pareciera a la descripción de don Lorenzo, el famoso y excéntrico presidente honorario.
—Don Lorenzo está justo detrás de nosotros —respondió uno de los asistentes, inclinando un poco la cabeza.
Adriana, junto con los representantes de la asociación y el equipo de su empresa, giraron la vista hacia donde señalaban los jóvenes. Un hombre mayor, de unos ochenta años, con una b