Si no fuera porque todos acababan de escuchar su voz, nadie habría creído que la persona frente a ellos era realmente la hija consentida del duque Guillermo, la señorita Gracia.
—¿Qué… cómo acabaste así? —preguntó el director, asombrado.
Gracia apretaba los dientes, bajando la cabeza mientras se clavaba las uñas en la palma de la mano:
—Una alergia…
—¿Qué tipo de alergia te convierte en un maldito cerdo? —se burlaron algunos de los presentes.
Adriana, en ese momento, lo entendió todo.
Recordó es