—¿Qué dices? Evana, no digas eso.
—¡Es la verdad, Marcus! No te puedo engañar, vi a una ginecóloga, y ella dice que debo recibir un tratamiento, tal vez así pueda darte un hijo, el punto es que por ahora no podré ser madre de nuevo, y eso me está matando, me duele —ella lloró—. Siento que… debería dejarte como todos dicen…
Él siseó, puso su dedo índice en sus labios, su mirada se volvió tierna, cálida, le devolvió el calor a su cuerpo frío
—No vuelvas a decirlo nunca, porque yo te amo a ti, s