Él acunó su rostro
—Evana, no creo en nada de eso, te confieso, estuve a punto de hacerlo, me arrepiento, porque ahora sé que todo era una trampa asquerosa de alguien que nos odia.
—¿Quién? —exclamó ella desesperada—. Dime, ¿Quién puede odiar tanto? ¿Álvaro?
—No tengo la certeza de que él esté involucrado, pero fue mi madre.
Los ojso de Evana estaba tan abiertos, no podía dar crédito a lo que él decía, claro que sabía que Fátima la odiaba, pero ¿A ese nivel de odio?
Bajó la mirada.
—¡Dios