6. Eres Mía
Karl.
Observé cada detalle de la mercancía que nunca logró salir del país. Solté un suspiro largo y pesado, acercándome a los peones que esperaban mi veredicto.
—Ustedes son unos estúpidos —espeto Mijael, mirándolos con furia—. ¿Cómo es que no pueden hacer nada bien para el señor Karl?
Me observaron, petrificados, mientras les replicaba.
—Sí, señor… es que... —intentó explicar uno de ellos, tartamudeando.
—¿Qué es lo que pasa? — esta vez hable con un tono suave, acercándome a ellos—. ¿Cuánto di