34. Perdida de mercancía.
Karl.
Finalmente llegamos a la cueva donde almacenábamos los productos destinados a exportación. Mijael se quedo afuera por cualquier ataque. El eco de mis pasos resonaba entre las paredes húmedas y oscuras, mientras observaba a Josué contando las cajas con nerviosismo evidente. Otros hombres se acercaron rápidamente para ayudarlo. Algo no cuadraba.
—¿Cuántas cajas faltan? —pregunté con voz firme, sin levantarla, pero lo suficiente para imponer autoridad.
—Seis, señor. —Josué alzó la mirada,