33. La Pantera había regresado.
Karl
Cuando llegamos a la mansión, Naira y yo no perdimos ni un segundo. Apenas cerramos la puerta, el deseo nos consumió como dos llamas que se encuentran para arder juntas. Su cuerpo, cálido y encajado perfectamente en mis brazos, era todo lo que necesitaba para olvidarme de los problemas, de mis demonios, y de las sombras que siempre han rondado mi vida. La tumbé suavemente en la cama y me perdí en ella, dejando que su calor me envolviera, llenando cada espacio vacío dentro de mí.
Estaba loco