045: EL CONTRATO DE SINGAPUR.
—Eres un maldito idiota, Rick. —dije para mí misma en silencio, mientras veía todos los moretones que me había dejado en la piel de los brazos por la presión que hizo cuando me apretó con toda su fuerza.
Incluso fue necesario que me pusiera un abrigo largo para cubrir todos mis brazos y que no fuera tan evidente lo que había pasado, aunque estaba segura que para ese momento todo el edificio ya lo sabía.
Me senté detrás del escritorio en mi nueva oficina y solame