024: JUGO DE CEREZA.
Los gritos agudos de Helarya se escuchaban cada vez más cerca, mientras que su pequeña mascota ya nos había encontrado, como si hubiera olfateado el perfume de Lyon, y ahora estaba ladrando frente a nosotros para delatar nuestro escondite.
No había otro lugar donde esconderse sin ser vistos antes. Solo era cuestión de tiempo para que esa demente nos encontrara y seguro quisiera matarme.
El corazón me latía en la garganta de una forma potente, como si en cualquier momento