A la mañana siguiente, Jussie se despertó encontrándose tendido en el sofá de su salón. Ricitos, se acordó de ella y de que se encontraba dormida en su cama. Se desprendió de la sábana y se levantó del sofá.
Se acercó a los enormes cortinajes que ocultaban la luz del día y las separó alumbrando de esa manera el salón con la luz de un nuevo día. Soltó un largo suspiro y mantuvo la mirada hacia la ciudad que podía contemplar a la perfección desde donde se encontraba.
Regresó al salón y miró hacia