Causa y efecto
Martins me había salvado del apremiante asedio en el que me encontraba acorralad cuando esa puerta se abrió. La disposición activa y dispuesta al avance que el señor Cavill había exhibido hasta entonces desapareció de plano y dio cabida a una actitud netamente centrada en una molestia incontenible que sé vía reflejada en sus puños apretados y el fuego que destilaba por sus fosas nasales. Solo en el centro de la habitación, como si no fuese consciente de lo que acababa de desencad