Capítulo 10.
Lina sintió cómo el peso de las palabras de Kael se asentaba en su pecho, como una cadena invisible que la ataba a él. El silencio entre ellos se volvió ensordecedor, solo roto por el sonido de sus respiraciones entrecortadas.
La energía que emanaba el irlandés era sumamente peligrosa. Lina trató de regular su respiración.
—¿Y si no quiero? —se inclinó hacia la mesa. —¿Y si no quiero ser tuya?
—No debes quererlo. Solo no podrás evitarlo. —contestó Kael con su cruel y excitante promesa. —No dig