La mujer más bella del planeta
El apremio que gobernaba al señor Cavill era inversamente proporcional al temor y la ansiedad que a mí me gobernaba. No tenía idea de cómo iba a terminar todo aquello, y aunque yo había terminado accediendo de mi entera voluntad, ahora comenzaba a preocuparme un poco el rumbo que podía tomar todo aquel asunto.
El señor Cavill hablaba de «mis responsabilidades» y eso era algo que me aterraba. Yo estaba dispuesta a ganarme la vida de cualquier forma y sin preocuparm