Mundo ficciónIniciar sesión—¡Yi Zhou! ¡Vamos, déjame entrar! —exhortó Mina por enésima vez desde fuera de la habitación, como un general enfurecido lo haría con sus incompetentes soldados—. Déjame entrar, Yi Zhou —murmuró finalmente con un aire de derrota.
Se inclinó hacia delante, colocó sus rodillas en el suelo y giró sobre ellas para sentarse con las piernas estiradas y cruzadas al nivel de sus tobillos. Apoyó la espalda en la puerta al igual que su cabeza, ligeramente inclinada a la izquierda.
Mina







