―Te veo muy callada. ―Kerrie miró a Hudson y sonrió levemente. No se había dado cuenta que había estado en silencio pensando en las duras palabras de Hudson.
―Solo… estoy cansada.
―¿Quieres que te lleve a casa? ― Sus ojos verdes la miraron con preocupación. Tragó nerviosa pensando en que se estaba sintiendo mal por un chico que ni siquiera le gustaba. Ciel había sido tan amable de traerla a almorzar y ahora ella lo había arruinado.
―Terminemos de comer, no te preocupes.
―¿Segura?
―Sí, segura. ―