Pasaron dos semanas en un ritmo tranquilo para Lena, llenas de los suaves ejercicios que el Dr. Julian Reese le había sugerido y de muchos momentos en los que sus pensamientos volvían a aquella primera visita. La forma en que sus manos se habían movido con tanto cuidado sobre su espalda, el sonido constante de su voz y aquellas miradas profundas ocasionales que parecían ver más que solo a una paciente. Se decía a sí misma que no era nada, solo amabilidad profesional, y sin embargo, cuando llegó