Capítulo 57. Soledad.
Christian Anderson.
—Christian, ya me voy, ¿te quedas?
La voz de mi hermano me hace alzar la mirada de los documentos que estoy revisando. Está en la puerta de la oficina, con su sonrisa sarcástica marcada, lo que me advierte de que va a decir algo para molestarme.
—Es viernes, no te voy a pagar horas extras.
Y ahí está el chiste. Ese que siempre hace y del que conoce mi respuesta. Enarca una ceja y se cruza de brazos cuando se recuesta al marco de la puerta. Yo me aguanto el resoplido y me