Huida

No hizo falta ser un genio para descubrir qué había sucedido o al menos qué podría haber estado sucediendo, es decir, a menos que sea increíblemente estúpido y no sepa nada sobre el mundo en general.

Allí estaba ella sentada en una silla, con los ojos verdes cerrados pero parpadeando como si estuviera a punto de despertarse. Manuel tenía una mano en su frente, la otra en su hombro, como para evitar que se cayera. Se puso la m&aacu

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