Nunca le había visto beber. Aquello no era lo mejor para su ego. Que casarse con ella le indujese a beber hacia años que solo provaba como máximo una copa de champán en los eventos sociales y máximo dos copas de vino en la comida.
–¿Y qué hay del banquete?
–Estoy demasiado ansioso por llevarte a mi casa y consumar este matrimonio –respondió él con sequedad–. Tendremos que saltárnoslo.
–¿Qué?
–Que nos vamos. Ahora.
Nikos volvió a darle la mano y salió con ella por la puerta principal, donde