Nikos apartó la mano y ella continuó andando hacia la cama. Descorrió la cortina del dormitorio y se tumbó sobre las almohadas, con los brazos abiertos. Él se acercó a la cama y se quedó allí de pie. Ella se arrodilló sin dejar de
mirarlo, se inclinó y le dio un beso en el pecho mientras él le pasaba los dedos
por el pelo. Leandra siguió bajando con los labios sobre sus abdominales, hasta que rozó con la lengua la punta de su erección. El placer y el calor recorrieron su piel y amenazaron con