Pasaron el martes, el miércoles y llegó el jueves, y los mensajes de Anna seguían siendo cortos, escuetos y fríos. ¿Qué había sucedido? Owen comenzaba a ponerse de mal humor. Repasó en su cabeza el fin de semana, buscando qué podría haber hecho o dicho que generara ese distanciamiento en Anna.
—¿Por qué tienes esa cara? —preguntó Bob, mientras ambos bebían café en el lobby de la empresa.
—No pasa nada —respondió Owen, seco.
—No me mientas, conozco tus caras y tus gestos y estás de mal humor. ¿P