Ella está muy furiosa, y parece que saca chispas de sus ojos. En cambio, yo no dejo de sonreír.
—¡Imbécil! —sisea entre dientes.
Sonrío aún más.
—Me encanta cuando te pones así. —Llevo mis manos a los bolsillos del pantalón y me inclino un poco hacía ella, que aún se encuentra frente a mí—. Eso hace que mi falo se prenda más. —Con una media sonrisa, le guiño un ojo.
Se queda boquiabierta. Cuando procesa todo lo que dije, bufa y se gira por completo, alejándose. Me carcajeo por su reacción.
—¡Lar