Capítulo 57. Un enigma
En la casa del señor Amato, el tiempo pasó lento y lleno de ansiedad. Alessia intentaba contener su impaciencia, pero era difícil mantenerse distraída y ocupada en el encierro en que estaba.
Sería diferente si pudiera pasear, si Celina la visitara, si su mente se dispersara menos y pudiera leer o estudiar.
Quiso aprender a tejer con algunas revistas, pero era imposible con el nerviosismo que tenía.
Valentino le había hecho una promesa.
Y, con todos sus defectos, él nunca incumplía una promesa.