65. ¡ELLA NO ES UN PELIGRO!
(ARIANA JÁUREGUI)
Subí las escaleras hasta mi habitación y cerré la puerta tras de mí. Me dejé caer en la cama, exhausta física y emocionalmente. El suave tacto de las sábanas no lograba reconfortarme. Saqué el nuevo teléfono de mi bolso y lo encendí. Busqué entre mis contactos hasta encontrar el número de Ethan. Ahí estaba, guardado bajo su nombre, un simple número que representaba todo mi mundo. Lo miré fijamente durante unos segundos, con el corazón latiendo con fuerza. «Tengo que hablar con