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Capítulo VI: Rencor

Todo fue tan rápido que Dayana no tuvo tiempo de reaccionar. El líquido caliente pasó rozando su brazo, manchando el suelo; mientras formaba un charco de diversos colores.

Jacobo suspiró - ya… - jaló aire - ya no me duele.

Dayana seguía pasmada, con la boca abierta; en tanto veía sus gestos. Después de reaccionar, se calmó - ¿estás bien?, ¿debo llevarte al hospital?

-No, estoy bien.

Aún preocupada, se levantó. Sin quitarle el ojo de encima, preguntó - ¿entonces, vamos al parque?

-Sí.

Cuando llegaron, casi estaba vacío. Solo había un par de pequeños jugando; ya que los demás se fueron con las señoras a comer - hoy podemos jugar juntos.

Aprovecharon el hecho de que no había quién los separara. Por un largo tiempo, lo siguió, ayudándole a subir a la casa. Esperándolo mientras descendía por el resbaladero. Subiéndose con él en donde se necesitaban dos personas, como en la balanza hecha de un largo tubo con asientos en cada extremo. Se inclinaron, para un lado y para el otro.

Cuando sus pies tocaban el suelo, sus rodillas se flexionaban al máximo, antes de dar un suave empujón para llegar arriba y dejar que su propio peso la bajara. Jacobo reía cada vez que llegaba a la cima para luego soltar un suave grito al bajar.

-¡Esto es muy divertido! - exclamó, con los dedos firmemente sujetados del manillar.

La sonrisa en los labios de Dayana no menguó - así parece - pero al escuchar la voz a su espalda, se congeló.

Sus pies tocaron el suelo. Se detuvo y giró a ver - Gerente - se sorprendió al reconocerlo.

Jaziel estaba parado recto, con las manos en los bolsillos de su pantalón de lona simple. Llevaba una camisa holgada que se pegaba solo en la parte alta de su pecho ancho - ¿te gustan los juegos de niños? - sonrió; sin embargo no estaba segura si era una risa de burla o de simpatía.

Dayana recompuso el cuello. Jacobo la miraba tranquilo, esperando que siguiera. Empujó sus pies - Sí - respondió - es divertido - sin sonreír.

-¡Más alto! - gritó el pequeño.

El corazón de Dayana paró de latir en ese instante. Cuando Jacobo llegó hasta arriba y soltó las manos para estirarse en el aire. El movimiento ya estaba hecho. Sus pies dejaron de tocar el suelo; así que no pudo detenerse - ¡Jacobo! - regañó.

La espalda del niño se inclinó hacia atrás. Sus ojos se abrieron cuando perdió el equilibrio. Intentó agarrarse de nuevo; no obstante, la rapidez del movimiento no dio tiempo a que sus manos tocaran la manilla - ¡ah!

Dayana quiso bajar; pero si saltaba, el juego caería con más fuerza. Jacobo se desprendió. En cuestión de segundos, una figura se apresuró a él. Jaziel lo agarró por debajo de los hombros, los pies rebotaron en el suelo; sin embargo su cabeza estaba ilesa. El lado de Dayana, cayó por la falta de contrincante. Se detuvo con los pies antes de bajarse con prisa.

Corrió a él y lo arrancó de los brazos del hombre para abrazarlo torpemente - ¡Jac! - sus manos temblaban - ¿estás bien?

El niño mostró una risa asustada - Sí, no me golpeé - aunque parecía relajado, había miedo escondido en sus ojos.

-Está bien - trató de calmarse y calmarlo - si te duele puedes decirme, ¿sí? - Jac. asintió - no te regañaré - sus ojos se pusieron rojos. Pronto las lágrimas comenzaron a salir; pero él no dijo nada. Dayana sufrió con él, abrazándolo de nuevo - está bien, todo está bien.

A pesar de su consuelo, el niño se negó a llorar. Después de un tiempo, se separó incómodo y se limpió las lágrimas - ya pasó.

-¿Está todo bien? - el hombre interrumpió.

Dayana levantó la cabeza. Se tragó el orgullo, parándose - Gracias, Jaziel. Por poco y se golpea en la cabeza, si no fuera por ti.

El hombre sonrió - De nada - su vista se desvió de ella al niño y de nuevo a ella - ¿él es tu… - esperó una respuesta que nunca llegó.

Dayana tomó precaución. Sintió que sus intenciones no eran buenas. Quizás él quería volcar su venganza contra el niño también y eso no lo permitiría. Disimulando su temor, empujó a Jac. tras su espalda - Nada, gracias por tu ayuda. Ya tenemos que irnos - de inmediato, se giró, agarrándole la mano y se alejaron.

-¿Qué pasa?, todavía quiero jugar - al menos, Jac. esperó a que estuvieran lejos para hablar.

-No es nada, no es nada - bromeó, al otro lado de las bancas - Juguemos en otra parte.

-¿Por qué?, ¿él no te agrada?

Dayana cerró los labios. Era muy perspicaz de su parte. Se enderezó, sacando la cabeza un poco. Jaziel se giró y se alejó en silencio. Dayana regresó la atención a Jac. - ¿de qué hablas? - lo jaló, caminando de regreso - si quieres jugar aquí, puedes hacerlo.

De pronto, las voces de la multitud la sorprendieron. Las mujeres que se habían ido a comer, regresaron con sus niños. Todos ellos hablaban al mismo tiempo, formando un total relajo - ¡ah! - se asustó - ¡ya viene! Regresa, te veré otro día - la gente estaba muy cerca; de tal manera que solo fue capaz de apretarle la mano antes de que Jac. se fuera corriendo y fingiera estar jugando en el resbaladero. Dayana se quedó tras el jardín.

-¡Jacobo!, ¡Jacobo! - la mujer se acercó, llamándolo - ¡ven aquí! - las otras mujeres balbucearon entre ellas, tomando asiento. Solo Carmen se quedó parada al otro extremo; mientras Jacobo se bajaba y se acercaba lentamente. Cuando estuvo frente a ella, levantó un dedo y lo señaló, escupiendo palabras de enojo que no llegaron a los oídos de Dayana. Únicamente, escuchó oraciones entre cortadas - no es la primera vez que haces esto… no te he… ya… - Dayana apretó los puños, a una distancia considerable - no fue suficiente el castigo anterior… si te vuelves a escapar…

No era la primera vez que se lo llevaba a escondidas. Era tan habitual que incluso Jacobo la llamaba a escondidas para avisarle que saldrían. Lo llamaban su secreto; pero estaba segura que Carmen lo sabía y aún así lo dejaba sin aumentar la guardia. Sino, de qué otra manera se quedaría tan cómoda cuando el niño desaparecía.

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