142. DESENLACE.
La aparición de dos figuras en la entrada de la sala atrajo la atención de todos. Eran el señor Andrés y su hija Trinidad, que habían insistido en estar allí para apoyar a su marido en este momento tan difícil. Su padre, aunque reacio al principio, había cedido finalmente a sus ruegos.
Avanzaron lentamente hacia donde estaban Máximo y Hugo, sus pasos resonando en el silencio de la sala. Al llegar a su lado, Trinidad tocó suavemente el hombro de Máximo. El anciano comprendió al instante y, con u