Mundo de ficçãoIniciar sessãoSilvia terminaba de vestirse cuando sonó el teléfono de la suite. Jim seguía en la ducha y la cosa sonaba como para despertar a los muertos en el cementerio a un par de calles, de modo que atendió.
—¡Condenado pendejo! ¡Anoche volviste a llevarte mis tenis verdes! ¡No te las quedarás, me oyes! ¡Si tanto te gustan, cómprate un par!
Bien. Bonita manera de dar los buenos días.
—¿En qué puedo ayudarlo? —preguntó Silvia con su mejor tono secretarial, porque no estaba segura







