Mundo ficciónIniciar sesiónJay seguía recostado, perdido en Twitterlandia, cuando su estómago gruñó con ganas. Maldición, se moría de hambre y Silvia aún no salía de la ducha. Ya había estado bien de esperar. Saltó de la cama, llamó a la puerta del baño y acercó la cara al marco.
—¡Voy a pedir la cena! —dijo—. ¿Qué quieres comer?
No obtuvo respuesta, sólo el rumor apagado







