—¿Cómo sabes que pedí un deseo? Ah, y ya sé que eres Mark Michaels, no sigas tratando de engañarme con eso de ser "un trabajador de editorial", porque te conozco bien, como la palma de mi mano...
Lo veo cómo sonríe levemente y asiente, mientras se rasca una de sus tupidas cejas oscuras, sus ojos miel ahora se clavan en los míos.
Trago en seco.
—¿Por qué estás tan a la defensiva? —De nuevo se acerca y yo retrocedo.
¿Qué por qué retrocedo? Nadie lo conoce en realidad como yo, nadie sabe que él es