38 Miedo.
Los gritos de Mateo no se hicieron de esperar, pero incluso eso no saco de la nebulosa en la que Elizabeth estaba.
— ¿Que te pasa? Sabes que no están permitidas las armas dentro de la mansión, los niños están arriba, pueden asustarse, idiota. — lo veían y no lo creían, Mateo Zabet no solo estaba perdido por Elizabeth, definitivamente este hombre amaba a esos niños y ni él se había percatado de ello.
— Lo siento, pero creo que nadie lo queria seguir escuchando. — se justificó Hades levantando lo