Pietro estaba sentado en su lugar, con la espalda recta y sin molestarse por los gritos de la gente a su alrededor.
Otro hombre más joven parecía responder al Señor Campalioni y una mujer se había levantado de su asiento.
Pietro miró el reloj en su muñeca, tomó una hoja, dibujó algo en sus hojas y las tiró al centro de la mesa.
El hombre que gritaba y sacudía sus brazos las tomó.
- Daría lo que fuera por saber qué pasó - dijo Lily
- Por la reacción del Señor Campalioni, estoy seguro de que ya no